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Actualizado al 21 de julio de 2002

 

 

 

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Jesús Betz

Fuente: emol

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Escena de la obra


El texto es sencillo y jamás redundante, y sirve con austeridad a una apuesta que es principalmente visual. El diseño está basado en una suerte de pantalla con un gran obturador, que atrapa las escenas narradas tanto desde el punto de vista del espectador como del propio Jesús.

"Jesus Betz", adaptación del grupo La Troppa para un cuento de los franceses Fred Bernard y Francois Roca, muestra a un hombre bautizado así porque nació un 24 de diciembre. Vino al mundo sin brazos ni piernas y, convertido en una suerte de "viajero inmóvil", inicia sus experiencias con los tripulantes de un barco ballenero a quienes sirve como vigía, amarrado en la cima del mástil, suerte de Cristo crucificado con todo el océano en frente.

Desde esa primera relación utilitaria, el joven va descubriendo la generosidad y el egoísmo, la alegría y el dolor, y comienza a observar que su situación física es nada en relación con las faltas humanas de algunos seres "completos". Su doloroso viaje iniciático —tema recurrente en las obras de La Troppa— le permitirá acceder a sí mismo y alcanzar la felicidad.

El texto es sencillo y jamás redundante, y sirve con austeridad a una apuesta que es principalmente visual. El diseño está basado en una suerte de pantalla con un gran obturador, que atrapa las escenas narradas tanto desde el punto de vista del espectador como del propio Jesús. El juego termina por ser cine en vivo, ya que los efectos, logrados a la perfección, permiten paneos, contrapicados, primeros planos, recorridos en 180 y 360 grados, profundidad y fragmentaciones del espacio.

Sólo el poco nítido audio —con amplificación exigida por el tamaño de la sala— lesiona levemente un trabajo que vive de la sutil carga emocional expuesta, que hace transitar al público por la nobleza, el amor y el dolor. Cada cual se remitirá a su propia experiencia de estos afectos.

La asociación natural entre Laura Pizarro, Juan Carlos Zagal y Jaime Lorca se convirtió en trabajo con "El Santo Patrono" (1987), título que sirvió muy bien al ocaso del gobierno militar. Fue con el nombre de Los Que No Estaban Muertos como se dieron a conocer en el Festival de Teatro del Instituto Chileno-Norteamericano de 1988, que ganaron con la obra "Salmón Vudú".

Fue entonces cuando quedó lacrado el estigma de su teatro, que viaja al encuentro de una poesía escénica que permite asociar conceptos e imágenes de variado orden.

La Troppa replantea paisajes internos y posibilidades de desarrollo, viajes por España ("El rap del Quijote", 1989), la urbe ("Lobo", 1992), el mar ("Pinocchio", 1990) o al centro de la tierra ("Viaje al centro de la Tierra", 1995), que no son sino excursiones al centro de uno mismo.

"Gemelos" (1999), basado en "El gran cuaderno", de Agota Kristoff, puso énfasis en las dificultades para sobrevivir en un ambiente hostil, y dio una vuelta de tuerca a los años de peregrinaje físico establecidos en las otras puestas en escena para ahondar más exclusivamente en el conocimiento interior. Vale decir, si antes la vuelta al mundo traía aparejado el conocimiento, en este caso el periplo era introspectivo.

"Jesús Betz" juega con ambas posibilidades y agrega otra porque el protagonista si bien se desplaza por el mundo y crece en humanidad, nunca se traslada por sus propios medios sino que es llevado, lo que se resuelve como un canto a la bondad del otro (la mujer que le da de comer, el amigo sin piernas pero con brazos), a la caridad y a la importancia de que un corazón intente ponerse en el lugar del otro.

Junto a todo eso, La Troppa indaga en las posibilidades del gesto, de la música en vivo, del cine aplicado al teatro, y trabaja el todo como unidad en una suerte de creación colectiva llevada a las últimas consecuencias.

El resultado es un gran juego de adultos, entretenido, fantasioso y vertiginoso, que no pone en la palabra su primer empeño, privilegiando la imagen y las sugerencias sonoras. "Jesús Betz" se levanta triunfante sobre un ensamble de transfiguraciones, alquimia, contrastes, vibraciones, alteraciones de ritmo y de desplazamientos. Un trabajo que tiene en cuenta tanto la Comedia del Arte y la artesanía (ellos fabrican todo lo que necesitan para su puesta) como el mundo más actual del cine y del comic.

Al final, los espectáculos de La Troppa tienen mucho que ver con lo que Roland Barthes llamó "polifonía informacional", con todos los lenguajes del arte colaborando en la impresión general.

Por todo esto, no hay que dejar de ver "Jesús Betz", una de las obras más hermosas, emocionantes y bien hechas del teatro chileno de los últimos años.

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